OTRO MAÑANA 6

 


 

CAPÍTULO 5 CAPÍTULO 7 

 

CAPÍTULO VI

 

Empezaba a anochecer y ya estaba agotada. No era capaz de centrarse en nada y estos días habían conseguido dejarle sin fuerzas. Necesitaba dormir. Debía tener la cabeza despejada mañana en la oficina. Sabía que un error, por pequeño que fuera, le podría costar la pérdida del proyecto. Era consciente de lo mucho que la había perjudicado el no haber aparecido por allí. Y aunque se sentía mejor ahora que había hablado con Pam sobre lo ocurrido, la dejó preocupada saber cómo iban las cosas en el trabajo, y se prometió que mañana debía estar mejor que nunca en la presentación.

Decidió darse una ducha antes de ir a dormir y comer algo ligero, no recordaba la última vez que había comido bien. Y mientras preparaba un emparedado pensó en Pam. La primera vez que puso el pie en la oficina, hacía ya cinco años, fue la única de todos sus compañeros que se mostró dispuesta a enseñarle cómo funcionaban las cosas por allí, incluso le aconsejó sobre la mejor manera de sobrevivir en aquella jungla. En seguida se tomaron mucha confianza y congeniaron muy bien. No tardaron mucho en llegar a ser buenas amigas. Se contaban todo y siempre podían contar la una con la otra cuando alguna lo necesitaba. Recordó el día que perdió a su bebé. Fue uno de los más tristes que vivió con ella. Desde entonces la relación con su marido empezó a ir mal. La pérdida del niño y la indiferencia de él la arrastraron a descuidar su salud y empezó a beber. Le costó hacerle ver que esa no era la solución, y de la bebida pasó a las pastillas. En pocos meses, la convivencia con su marido era cada vez peor y él, tomó la decisión de alejarse de ella. Gabriela no la dejó sola y de pronto, comprendió que aquello, la había llevado a descuidar su relación con Arantxa y aunque no justificaba su manera de actuar, pudo entender lo que había podido pasar entre las dos. Ese pensamiento, trajo de vuelta la tristeza que la había acompañado durante estos días. Tomó un bocado más, bebió un poco de agua y fue al baño.

Durante un buen rato, dejó caer el agua muy caliente sobre su espalda que empezaba a enrojecer. Con los ojos cerrados y las manos en la pared de la ducha, deseó que el agua se pudiera llevar todos los sentimientos que tenía hacía Arantxa. Pero sabía que eso no iba a ser posible. Cerró el grifo y se envolvió en una toalla que ató a la altura del pecho y con otra más pequeña, frotó su pelo. Cogió el secador de mano, lo enchufó y antes de ponerlo en marcha creyó oír que llamaban a la puerta. Extrañada esperó un rato por si se hubieran equivocado, y entonces sonó de nuevo el timbre de su puerta. Pensó que Pam habría vuelto para asegurarse que mañana estaría sin falta en la oficina. Y sin mirar, abrió la puerta.

—Si vienes a asegurarte de que puse la alarma para mañana… —se detuvo al ver a la chica del súper en su puerta. — ¿Sole? —preguntó extrañada.

—Perdona que te moleste —titubeó ante la imagen de Gabriela envuelta tan solo con una toalla. —Será mejor que vuelva en otro momento.

—¿Ha pasado algo?

—No… Bueno, sé lo de Arantxa y quise pasar a ver cómo estás.

—Supongo que lo sabes por Fran. Estuvo aquí ésta tarde.

Sole asintió con una sonrisa y bajó la mirada a modo de disculpa. En ese momento bajaba un vecino al que Gabriela saludó. Le incomodó la forma en que le miró e invitó a Sole a pasar dentro.

—Voy a ponerme algo, vuelvo enseguida.

—No tengo prisa, ve tranquila. —Minutos después ya estaba de vuelta.

—Te agradezco que hayas venido. Lo cierto es que no hay mucho que contar. Hace unos días Arantxa se marchó y no sé nada de ella.

—Nos extrañó no verla por el súper, pero en ningún momento pensé que lo hubierais dejado.

—La verdad es que aún no estoy segura de lo que ha pasado.

Pasaron un buen rato hablando, le resultaba fácil hablar con ella. Desde el primer día en que se conocieron sintió algo diferente por Sole y sabía que el sentimiento era reciproco. Le confesó que llevaba toda la semana sin pasar por el trabajo y su temor a que le quitaran el proyecto. La noche había avanzado deprisa y el cansancio empezaba a ser más que notable en las dos.

—Será mejor que me vaya, se ha hecho muy tarde.

—Ni siquiera te ofrecí una bebida, debes estar hambrienta. Puedo preparar algo si quieres.

—No te preocupes, se hará demasiado tarde y necesitas descansar —dijo mientras se levantaba. —Si necesitas cualquiera cosa del súper, o lo que sea, sabes que puedes pedírmelo ¿verdad?

—Lo sé, sí. Gracias. Y gracias por pasarte.

Sole sonrió, y durante un instante sus ojos se encontraron. No podía entender lo que sucedía cada vez que cruzaban sus miradas. Pero era algo tan intenso que le removía todo dentro. Sintió entones un fuerte deseo por besarle. Apartó la mirada tratando de reprimirlo. Llamó al ascensor y mientras se abría la puerta, dijo: “No dejes de llamarme si necesitas algo”. Y desapareció antes de que Gabriela pudiera responder.

Patricia Duboy ©diciembre 2015

AL CAPÍTULO I DE OTRO MAÑANA
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6 respuestas a OTRO MAÑANA 6

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  2. Julia C. dijo:

    Dicen que cuando una puerta se cierra, otra ventana se abre. Creo que Sole será la ventana de Gabriela :))

    Me gusta mucho tu relato, Patricia. Es una historia cercana, llena de calidez, con personajes naturales a los que es fácil tomar cariño. Veremos qué más nos tienes preparado en próximas entregas.

    Un beso enorme!!

    • Patricia Duboy dijo:

      A veces la vida da un rodeo antes de permitirnos llegar a nuestro destino. Me alegra mucho que te guste Julia, mil gracias por pasarte y dejar tu comentario. Besos

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  4. Mamen Piriz García dijo:

    Me he quedado en tu blog leyendo este relato y he leído los 6 capítulos. Te añado en espera de como sigue

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