OTRO MAÑANA 5

 


CAPÍTULO 4  CAPÍTULO 6

 

CAPÍTULO V

Aparcó la furgoneta en el vado frente al súper, recogió las cajas y fue al almacén a dejarlas. Entró al baño, encendió un cigarro y tras unas caladas, cargo un carro con botellas, para continuar reponiendo los artículos agotados de las estanterías. Pasó junto a las cajas, comprobó que no hubiera nadie y silbó a una de las chicas.

— ¡Morena! Adivina quién ha cambiado de pareja.

— ¿No estabas con el pedido de Arantxa?

— Acabo de volver, y ¿sabes?, Arantxa ya no vive allí.

— ¿Estás de broma?

— Ya te decía que era muy raro no verla por aquí.

— ¿Y has averiguado qué ha pasado?

— No pude, otra a quién no he visto antes me echó a patadas. Parece que tu chica tiene pareja nueva —dijo mientras se alejaba empujando el carro hasta el pasillo de las bebidas.

Aquello dejó  a Sole pensativa. Estaba enamorada de Gabriela, y aunque hacía años  que la conocía, nunca se atrevió a decir nada porque siempre, estuvo Arantxa. Le revolvió todo dentro saber que había alguien nuevo en su vida y que ella, se encontraba cada vez más  lejos de compartirla. Lo cierto es que a veces, pensaba que rayaba la obsesión. En varias ocasiones, al salir del súper esperaba en su coche tan solo para poder verla llegar del trabajo a su casa. Había  días que lo necesitaba tanto que le dolía.

Se conocieron el mismo día en que Gabriela y Arantxa, se habían instalado en el piso del final de la calle y entraron al súper a realizar una compra para llenar la despensa. Al colocar los productos en la cinta, un bote de tomate rodó y calló. El pantalón de Gabriela se cubrió por completo de manchas rojas. Sole se incorporó de inmediato, y con un rollo de papel en la mano que guardaba bajo la caja, y agachada frente a ella, se dispuso a limpiar su ropa. Gabriela se sintió muy incómoda con la situación y le pidió que lo dejara.

— No te preocupes, estamos de mudanza y ya venía con casi todas esas manchas encima.

— Iré por otro bote —dijo Arantxa molesta.

— Siento el descuido —dijo ella poniéndose en pie.

— No pasa nada… —titubeó en espera de que le dijera su nombre.

— Sole —dijo con una sonrisa.

— Gabriela. —y le ofreció su mano.

Sole la tomó y buscó su mirada. Sus ojos se encontraron, y sintió que se detenía todo alrededor, que todo, había desaparecido. Cuando Arantxa hubo vuelto con el bote, lo dejó sobre la cinta con un golpe seco que la trajo de vuelta a la realidad.

Nunca pudo olvidar su mirada y el tacto de su pie, y desde entonces había alimentado sus sentimientos con cada una de las veces que la veía entrar, o la encontraba en la calle.

Mientras dejaba volar a sus pensamientos, nuevos clientes se amontonaban en la cola y se apresuró a pasar los códigos por el escáner. Lo que no evitó que sus pensamientos volaran hacia una de sus fantasías recurrentes con Gabriela, y se dibujó una sonrisa en sus labios.

Se imaginó en los vestuarios al acabar la jornada. Dando la espalda a la puerta de entrada y con su taquilla abierta, no pudo ver que en silencio, con sigilosos pasos, se acercaba despacio Gabriela. Sobre su piel desnuda en la espalda, pudo sentir el calor de una mano. Lejos de asustarse, cerró sus ojos y recordó el tacto de su piel, grabado a fuego en su recuerdo. Su vello se erizó, respiró profundo y al tiempo que dejaba salir todo el aire de su pecho, inclinaba su cabeza hacia atrás. Sonrió al sentir como unos brazos la rodeaban por la espada, y unas manos que aprisionaban sus pechos. Quiso ver esa imagen y al inclinar su cabeza, su nuca quedó expuesta y sintió unos labios en ella. Un escalofrío recorrió su espalda, y se giró para ver a Gabriela que sonreía sin decir nada. La atrajo hacia sí con fuerza y besó sus labios. “¿Me puede dar una bolsa?” le escuchó decir. Extrañada, se separó lo justo para poder mirarle y entonces, volvió a escuchar.

— Señorita, ¿puede darme otra bolsa? —Y de pronto, volvió a su caja.

— Sí, aquí tiene —dijo sonrojada, pero sin borrar su sonrisa.

Desde aquella mañana en la que se detuvo el tiempo, no ha podido dejar de pensar en ella. La buscaba por la calle cada vez que comenzaba o acababa su turno. La seguía con la mirada cuando entraba a hacer la compra. La invitaba a tomar un café al acabar la jornada. Hacía todo lo posible por pasar un tiempo con ella. Y nunca perdió la esperanza de sentir sus besos sobre su piel. “Necesito ir a verle” se dijo. “Ésta noche al acabar aquí, llamaré a su puerta”. Y pasó el resto del día, pensando que le iba a decir.


Patricia Duboy ©diciembre 2015

AL CAPÍTULO I DE OTRO MAÑANA
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4 respuestas a OTRO MAÑANA 5

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  3. Mamen Piriz García dijo:

    Patricia he leído todos los capítulos , me extraña que no te haya dejado comentarios, siempre lo hago aunque sea un saludo. Espero atenta el siguiente. Un saludo

    • Patricia Duboy dijo:

      Gracias Mamen, también procuro pasarme y comentar aunque llevo un días poco centrada y por eso me estoy retrasando en las publicaciones pero espero que te sigan gustando. Besos

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