OTRO MAÑANA 4

 

 


CAPÍTULO 3  CAPÍTULO 5

CAPÍTULO IV

Cuando sonó la alarma, llevaba ya un buen rato despierta en la cama. La conversación con Pam, la tarde anterior la había dejado preocupada. Llevaba dos días sin aparecer por la oficina y la habían sustituido a última hora para la presentación en la reunión. Dejar a los directivos esperando no era nada bueno para su promoción en la empresa.
Se levantó con prisas, se dio una ducha rápida y se vistió. Antes de las siete y media estaba en la puerta. Apretando con fuerza la llave en la cerradura. Incapaz de hacerla girar para abrir y salir. El ahogo, las palpitaciones, el sudor… temblando soltó la llave y dio un paso atrás. Se giró y apoyó su espalda contra la puerta, sus piernas no le respondían y resbaló hasta quedar sentada en el suelo. Entonces, se abrazó y lloró con rabia. No soportaba lo que le estaba sucediendo. No poder dominarse le desconcertaba, le hacía sentir vulnerable. Sabía que iba a necesitar ayuda pero no estaba segura de a quien pedirla.
Una vez se calmó, decidió llamar a Pam y mentir diciendo que se encontraba peor y que no podría ir por la oficina. Ante la insistencia de Pam por pasar a verla, ella respondió que Arantxa ya se encargaba de todo.

Después de esa llamada, paseó por el piso de un lado a otro, trataba de comprender la razón por la que se bloqueaba y era incapaz de seguir con su vida. Pasó la mañana sin saber qué hacer, no podía entender que le estaba pasando y sabía que se le escapaba de las manos. Al fin, decidió contar a Pam lo ocurrido. Y esa vez, aceptó su ofrecimiento de pasar a verla después del trabajo.
Pasaban de las cuatro cuando llamaron al timbre y escuchó la voz de Pam al otro lado del portero automático.

— Te agradezco que hayas venido Pam, no sabía a quién acudir.
— Sabes que puedes contar conmigo siempre que lo necesites ¿verdad? Sabía que pasaba algo, pero no podía imaginar qué. Cuéntame que ha pasado.

Hablaron durante un buen rato en el que Pam no dejó de prestar atención a cuanto le decía. Casi rozaban las seis cuando Gabriela le ofreció tomar algo, y volvió de la cocina con té.

— Siento no tener mucho más que ofrecerte, he sido incapaz de salir a comprar.
— No te preocupes, saldré ahora a buscar lo que necesites, pero me tienes que prometer que buscarás ayuda profesional.
— No será necesario…
— ¿Salir a comprar o la ayuda profesional? —preguntó sin dejarla acabar.
— Ni una cosa, ni otra. He comprado por internet y no tardará en llegar. Y ahora que lo he hablado me siento mejor, mañana estaré como siempre.
— Sabes que no tardarán en decidir quien va a dirigir el nuevo proyecto ¿verdad? No puedes faltar mañana Gabi, ese proyecto es tuyo.
— Lo sé Pam, no se me ha ido de la cabeza.
— Es un proyecto importante y te lo mereces. Has trabajado mucho en él y es justo que lo lleves tu.
— Estaré allí sin falta, no te preocupes.

Se levantó a dejar de vuelta en la cocina la bandeja del té, cuando sonó el timbre. “¿Puedes abrir Pam?, debe ser del súper. En el taquillón está mi cartera con dinero.” Dijo desde la cocina. Pam abrió, en efecto era el chico del reparto que tras entregar el albarán de compra se dispuso a dejar las bolsas en el suelo de la entrada. Mientras buscaba con la mirada una cara conocida.

— ¿No está Arantxa? —inquirió extrañado al ver solo a Pam.
— No, no está —respondió algo molesta.
Gabriela al notar el tono de Pam se asomó desde la puerta de la cocina.
— Hola Gabriela, me extrañó no veros —saludó al verla.
— Hola Fran, aún sigo por aquí.
— Hace mucho que no veo a Arantxa por el súper, ¿se encuentra bien?
— Arantxa ya no vive aquí —se apresuró Pam en responder al mismo tiempo que pagaba y le instaba a salir de la casa.
— Has sido muy borde Pam, solo preguntaba.
— Que se limite a hacer su trabajo y no se meta donde no le importa. Anda, deja que te ayude a guardar esto.

Y mientras vaciaban las bolsas de compra, Pam trató de convencerla para que fuera a visitar a su psicólogo tras el trabajo. La pérdida de su segundo hijo en el cuarto mes de gestación, la había obligado a comenzar una terapia que no deseaba y que, tras dos años era incapaz de dejar. Siempre encontraba una buena excusa para continuar con las sesiones y aunque lo negaba, sabía que en el momento en que lo dejara, volvería a los sedantes. Y Gabriela, que lo sabía, se negaba a comenzar con ninguna visita. “Estaré bien, Pam. No te preocupes” la tranquilizó. Y convencida, se despidió de ella hasta el día siguiente que se verían en la oficina.

 


 

Patricia Duboy ©noviembre 2015


AL CAPÍTULO I DE OTRO MAÑANA


Esta entrada fue publicada en Novelas y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a OTRO MAÑANA 4

  1. Pingback: OTRO MAÑANA 3 - Patricia DuboyPatricia Duboy

  2. Julia C. dijo:

    Qué terrible la sensación de que pierdes el control, de que no puedes hacer algo tan sencillo como abandonar tu casa y salir a la calle. Afortunadamente nunca lo he experimentado, aunque más de una vez he tratado de averiguar qué se siente…

    Espero que Gabi pueda solucionar su problema y retomar su vida profesional con éxito, pero creo que necesitará ayuda.

    Continúa muy interesante la historia, Patricia. Quedo a la espera de nuevas entregas!! :))

    Un beso y feliz miércoles.

    • Patricia Duboy dijo:

      Debe ser una sensación complicada de llevar, sentir que te supera y se escapa de las manos. No me gustaría experimentarla la verdad.
      A ver Gabi, como consigue superar esto y continuar con su vida.
      Mil gracias Julia guapa y mil besos

  3. Pingback: OTRO MAÑANA 5 - Patricia DuboyPatricia Duboy

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *