OTRO MAÑANA 3

 

 


CAPÍTULO 2 CAPÍTULO 4

CAPÍTULO III

El pedido no tardo, y aunque tenía hambre no comió demasiado. Solo deseaba poder meterse en la cama y que todo lo ocurrido fuera un mal sueño. No pudo evitar el impulso de volver a mirar su móvil, comprobó que los mensajes no habían llegado y comprendió que seguía apagado. “Quizá se haya desecho de este número para que no la pueda localizar”. Ese pensamiento le impulsó a volver a marcar su número. Y la voz de la grabación indicando que el número marcado no se encontraba disponible, hizo que volvieran las lágrimas a sus ojos. Y el sueño se apoderó de ella.

Cuando despertó pensó que no podía seguir así, que debía hace algo. Decidió primero darse una ducha. El agua bien caliente hizo que se relajara y después de un buen rato bajo la ducha, se secó bien y sintió ganas de vestirse para salir. Buscó algo cómodo, quería pasar a comprar y después, aprovechar el buen tiempo y dar un paseo. Mientras se vestía recordó la reunión en la oficina y se dijo que llamaría luego a Pam para que le contase como fue. Seguro que mañana tendría mucho trabajo acumulado en su mesa, le sentaría bien el paseo para ordenar su cabeza y dar prioridades. Una vez se vistió fue al baño y recogió su pelo dejando unos mechones caer a cada lado, se perfumó y tomo su cartera dispuesta para salir.

Echó la llave y bajó las escaleras de los tres pisos, pero al poner el pie en la calle, sintió un escalofrío recorrer su espalda. Sin entender la razón se quedó paralizada, incapaz de dar un paso; ni avanzar, ni volver. Sentía ahogo y deseos de volver a casa. Un sudor frío perló su frente. Y azorada por la mirada inquisitiva de quien pasaba por su lado quiso girar sobre sí misma y volver a casa. La sensación de ahogo era cada vez más intensa y se sentía incapaz de mover un solo pie, que le parecía tener clavados al suelo. Se sintió aturdida y cayó desmayada cuando alguien, antes de tocar el suelo, la sostuvo.

Cuando recuperó la consciencia se encontraba en casa, sin saber que había pasado desde que puso el pie en la calle y hasta despertar en el sofá de su casa. Escuchó ruido en su cocina. “¿Hola?” preguntó en voz alta. Se quedó sin palabras cuando apareció Arantxa en la puerta de la cocina.

—Estoy preparando té, creo que te sentará bien.

—¿Qué ha pasado?

—¿Cuánto hace que no comes algo? —preguntó desde la cocina

— Anoche no cené mucho

Arantxa salió cargada con una bandeja con dos tazas, tetera y azucarero. Lo dejó sobre la mesa junto al sofá y se sentó antes de servir el té.

—Gabriela, no quiero que te hagas una idea equivocada. Solo he venido a recoger algunas cosas. Entre nosotras no ha cambiado nada. No esperaba encontrarte aquí, te creía en el trabajo. No sé qué habrás hecho estos días para que tuviera que recogerte antes de que cayeses al suelo.

Gabriela permanecía en silencio, bebiendo a sorbos cortos su té, con la mirada fija en Arantxa aunque sin verla, escuchaba sus palabras sin prestar atención a cuanto decía.

—Gabi, ¿me estás escuchando?. Gabriela, ¿estás aquí?

Sin responder recogió la bandeja y se puso en pie.

—Date prisa en recoger, tengo cosas que hacer —dijo al fin.

Luego, llevó la bandeja de vuelta a la cocina, y se quedó allí hasta que el ruido de la puerta de la calle al cerrarse, le golpeó en el corazón. Y volvió a llorar. No supo de dónde sacó esa entereza para pedirle que se diera prisa en irse, y ahora, se arrepentía de no haber hecho lo posible por retenerla allí.

No supo cuánto tiempo estuvo tumbada en el sofá, pero no tenía intención alguna de levantarse. Aún menos para salir a comprar. Esta vez decidió hacer un pedido al supermercado por internet, que lo tendría en casa en la tarde del día siguiente. Más tarde llamaría a Pam, recordó la reunión y si no hablaba antes con ella, llegaría a la oficina sin saber por dónde empezar.


Patricia Duboy ©noviembre 2015


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4 respuestas a OTRO MAÑANA 3

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  2. Julia C. dijo:

    Los finales nunca son fáciles, nunca se encuentra el momento o el discurso adecuado. Arantxa está decidida, quizás sea mejor no decir nada más y tratar de olvidar…

    Una historia interesante, Patricia. Veremos cómo continúa 🙂

    Un beso grande!!

    • Patricia Duboy dijo:

      Hola Julia, decir adiós siempre es difícil sí, y como dice la canción; “si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo vayas a decir”, hay situaciones en la que no es necesario poner palabras a lo evidente.
      Me alegra que te vaya gustando, ya veremos como sigue. Besos guapa

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