COMO UN CAJÓN


Así sentía mi vida, como algún cajón de esos que todos tenemos en casa. Por ordenados que seamos, siempre hay un cajón repleto de cosas que no usamos, olvidamos o guardamos por si acaso un día hacen falta. Y el día que hace falta alguna de esas cosas no la encontramos, porque dos días antes la tiramos sin tener ni idea de qué era y para qué servía. ¿No os ha pasado? Esos cajones tan desordenados que cuando los abrimos para buscar algo, cerramos de inmediato por pereza a buscar entre tanto trasto.

Y así estaba mi vida, así la sentía yo al menos. Como uno de esos cajones que nadie se atreve a abrir y si lo hacen por error, enseguida lo vuelven a cerrar, y a veces hasta dejan un trasto más que guardar dentro. Que poco consciente somos de que la vida nos puede cambiar en un segundo. Y puede llegar a cambiar tanto, que ni la reconozcas como tuya.

Y eso pasó. Fue todo tan rápido que me parecía estar viviendo una vida que no era la mía. Lo miraba todo desde fuera, como si no fuera conmigo. Basta solo una prueba, para que saquemos de dentro un coraje que no somos conscientes de tener. Pero que ahí está, dormitando en espera de despertar en el momento justo. Y si llegase tu momento y no despierta, zarandéalo con fuerza hasta que se levante. Saca tu coraje de paseo.


Patricia Duboy ©febrero 2015

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