OTRO MAÑANA 7


AL CAPÍTULO 6 AL CAPÍTULO 8 Y 9 

CAPÍTULO VII

Se alegró de haber hablado con Gabriela esa tarde. Tan contenta salió de su casa, que por primera vez, en mucho tiempo, olvidó esa falta de ganas para hacer algo. Y tan animada estaba, que decidió dar un paseo por el centro comercial y quizá, hacer alguna compra. El tiempo duró un suspiro. Y solo cuando las tiendas empezaron a cerrar supo lo tarde que se había hecho. Se sintió abrumada y llamó a casa de camino al coche. No hubo respuesta. Ya en el coche, volvió a llamar. Nada. No le dio importancia, aunque le resultó extraño que Nicolás no respondiera, llevaba todo el día fuera de casa y apenas cruzaron dos palabras al levantarse. Tuvo entonces una extraña sensación que le hizo estremecer.

Dejó el coche aparcado frente a su bloque y se apresuró a entrar. La casa estaba inusualmente a oscuras, cosa que le hizo tropezar con algo al entrar. Apretó el interruptor de la luz de la entrada para poder ver qué había ahí. Y se encontró con par de maletas y una bolsa de deporte.

— ¿Cielo, estás en casa? —preguntó con cierto temor.

En la habitación había luz. Se acercó y volvió a preguntar. Ésta vez una voz masculina, con tono seco y frío, respondió.

— Pam, tenemos que hablar.
— Vas a dejarme, ¿verdad? —Una lágrima recorrió su mejilla, pero no se sentía triste. Sabía que iba a llegar este día.
— Es absurdo seguir negando lo evidente. Hace mucho que dejamos de ser pareja, y pasamos a ser dos extraños que solo comparten piso.

Y sentados a los pies de la cama, habló sin reservas. El tono de su voz era tranquilo y sus palabras, parecían haber sido memorizadas como en una función de teatro. Hubo reproches y se dijeron cosas que hizo más profundo el abismo que ya existía entre ambos. Aunque sus manos se rozaban, sus corazones estaban tan alejados que apenas sabían distinguir quien era esa persona que tenían a su lado. Cuando ya no quedaron palabras, Nicolás se levantó y salió de la habitación. Pam, continuó allí hasta escuchar cerrarse la puerta de entrada. Entonces, con la mirada perdida y sin perder la calma, tomó las llaves de su coche y salió de casa.

Decidió dirigirse al piso de Gabriela, no deseaba pasar esa noche sola. Pudo aparcar muy cerca del edificio y aprovechó el portal abierto para entrar. Esperó al ascensor con la mirada perdida. Entonces, Sole que en ese instante bajaba, aun sin poder reprimir ese deseo de besarle, salió de forma atropellada y sin querer, tropezó con Pam. Se disculparon sin mirarse. Y cada una continuó su camino.

Una vez en la calle, dudó si volver a subir. Lo que sentía por esa mujer era cada vez más difícil de ocultar y necesitaba sacarlo. Pero sabía que no era un buen momento para hacerlo. Así que fue a su coche y arrancó, pero permaneció allí, mientras su cabeza debatía contra su corazón sobre qué era lo correcto.

Se había hecho muy tarde y empezaba a sentirse cansada, aunque el rato que había pasado con Sole pasó sin darse cuenta. Aprovechó entonces para meterse en la cama, y puso la alarma de su teléfono móvil. Apagó la luz, y en ese instante sonó el timbre de la puerta. Extrañada por la hora pensó en no abrir, pero la insistencia del timbre la alertó.

— ¡Pam! ¿Qué ha pasado? —Su amiga lloraba en silencio bajo el umbral de la puerta, y no acertaba a decir una sola palabra.— ¿Estás bien? Ven, vamos dentro.
— Se ha marchado. Al llegar a casa tenía sus maletas en la puerta. —dijo al fin.

Gabriela la rodeó con sus brazos y trató de calmar a su amiga que, al sentir su abrazo fue callando su llanto. Se acurrucaron en el sofá, con la sala a media luz y se cubrieron con una manta de viaje.

— No he dejado de quererle ¿sabes?, pero cada vez que le miraba ya solo podía ver a un extraño.
— Lo sé Pam, y aunque entiendo que también él ha sufrido mucho no debió alejarse de ti en el momento que más lo necesitabas.
— No tuve en cuenta sus sentimientos Gabi, y no te digo esto para justificarle, pero sabes que pasé mucho tiempo sin salir siquiera de la cama.
— Por eso Pam, le necesitabas y en lugar de ayudarte a seguir, eligió alejarse.
— Bueno, fue una suerte tenerte a ti a mi lado.
— No me gustaba verte así y no iba a permitir que te abandonaras.
— Me dejarás pasar aquí la noche ¿verdad?
— Puedes quedarte el tiempo que necesites.
— ¿Por qué tiene que ser todo tan complicado? Seguro que es mucho más fácil con una mujer.
— ¿Me dices eso pocos días después de que Arantxa cruzara esa puerta? —bromeó Gabriela
— Perdona, no ha sido muy acertado —se disculpó con una sonrisa en sus labios. Después, quedó en silencio mirando a los ojos de su amiga, y muy seria le confesó. —Ya ni recuerdo la última vez que nos besamos. —Y sin dejar de mirarle, añadió. —Gabriela, ¿cómo es besar a una mujer?

No esperó respuesta. Se acercó y le dejó un beso suave y breve en los labios. Gabriela, muy sorprendida quedó paralizada. Pam, miró en sus ojos un instante y volvió a besarle. Entonces, el sonido del timbre de la puerta hizo a Gabriela saltar del sofá y apresurarse a abrir.

— ¡Sole!, ¿has olvidado algo? —preguntó algo aturdida.

Pensó en responder que había olvidado besarle. Y a punto estuvo de hacerlo. Pero en el sofá en el que poco antes había estado sentada con Gabriela, vio a Pam.

— No sabía que estabas acompañada, perdona. —Dio media vuelta y corrió escaleras abajo, entre reproches por haber subido de nuevo.

Cerró sin entender que había pasado, y volvió al sofá, pero no se sentó.

— ¿Quién era?
— Sole, una amiga. Estuvo aquí hasta poco antes de que llegaras tú, pero se ha marchado a toda velocidad al verte.
— Le gustas a esa chica.
— ¿Tú crees?
— Bromeaba, aunque ahora dudo que ella sí te guste a ti. Pero no te preocupes, no le contaré lo nuestro. —dijo burlona.
— No hay nada nuestro, pero te diré que besas bastante bien.
— ¿Acaso lo dudabas? —quedó por un momento pensativa y dijo. —Espero que el beso no cambie nada entre nosotras, en realidad no sé por qué lo hice. No estás molesta ¿verdad?.
— Sabes que no. No ha significado nada.
— Entonces, ¿no has sentido nada especial?
— Pam, deja la broma. Voy a preparar tu habitación, es ya muy tarde.

Y con mil pensamientos en la cabeza, fueron a la cama. Aunque a ninguna le iba a resultar fácil conciliar el sueño.

Patricia Duboy ©diciembre 2015


AL CAPÍTULO I DE OTRO MAÑANA

 

Esta entrada fue publicada en Novelas y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a OTRO MAÑANA 7

  1. Pingback: OTRO MAÑANA 6 - Patricia DuboyPatricia Duboy

  2. Mamen Piriz García dijo:

    se ve que va de relaciones de chicas, seguiremos espectante…. Un saludo

  3. Lunnaris81 dijo:

    ¡¡Hola!! Te he nominado para Liebster Awards. Pásate por el blog para ver las preguntas.
    http://lunnaris81.blogspot.com.es/2015/12/liebster-awards_30.html
    ¡¡Un saludo enorme y Felices Fiestas!!

  4. Pingback: OTRO MAÑANA 8 Y 9 ~ Patricia DuboyPatricia Duboy

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *